25/7/13

Su mejor compañía

Estoy asombrada de la relación tan bonita que poco a poco van construyendo Adrián y Daniel, nunca me hubiera imaginado que un bebé tan pequeño pudiera crear un vínculo tan fuerte con otra persona.
Aunque a decir verdad, no sé de qué me extraño después de ver cómo se miran, se sonríen e incluso  juegan con sus pequeñas manos.
Cuando a los cuatro meses de embarazo, supimos que íbamos a tener otro niño, teníamos muy claro que intentaríamos que estuvieran juntos lo antes posible, pero después la cosa cambió, quizás los típicos miedos e inseguridades iban retrasando ese momento cada vez más y siempre nos parecía demasiado pronto sacar al pequeño Daniel de nuestra habitación. Pero, hace un par de días, mientras preparábamos la cama de Adrián fue él mismo quien reclamó la compañía de su hermano "Aquí tato y Adrián" nos dijo señalando su cuna, así que tomándonos la idea un poco en broma metimos a los dos en la cuna y empezó la fiesta.






Después de casi media hora de risas, abrazos y juegos, sucedió el milagro. "¿Adrián quieres ir a dormir?" , "Sí mamá, Adrián y Tato". Era la primera vez en veintidós meses que entraba a su cuna a la hora de dormir y lo hacía despierto y voluntariamente.
Ni los cuentos, ni la guirnalda de luces de colores que le compramos para que no tuviera miedo, ni la interminable lista de canciones de cuna descaragadas en el ipod lograron lo que un pequeño bebé de cinco meses consiguió con dos carcajadas y un par de pedorretas (de las que nos alertó gritando ¡Papá, babas!), él es sin duda su mejor compañía.
Con la tranquilidad de saber que su hermano pequeño estaba en la cuna de al lado, se metió en la cama y dejó que le leyera un cuento.


Y si no podía estar más contenta porque había llegado el día en el que se durmió él solito, cuando íbamos a apagar las luces y coger a su hermano para llevarlo a nuestra habitación, me dí cuenta de que sin haberlo planeado, también había llegado el día en que iban a pasar su primera noche juntos, y es que verle dormidito en su cuna, tan cerca de Adrián, al que tan sólo media hora antes había estado abrazando y sonriendo me hizo preguntarme al instante ¿Y POR QUÉ NO?


Qué gran verdad es esa de que muchas veces las cosas salen mejor cuando no las planeas. A diferencia de la primera noche que Adrián pasó en su habitación cuando tenía cuatro meses y medio, no me levanté ni un momento para ver cómo marchaba todo, tan sólo pensé, si están juntos, estarán bien.
Debería habérmelo imaginado cuando ví cómo le miraba el mismo día que le trajimos a casa.



Tan sólo espero que esa unión tan especial que han creado se haga cada día más fuerte y estén presentes el uno para el otro en los momentos más importantes de sus vidas.
Los mejores amigos, su mejor compañía.










5 comentarios:

  1. Hola Noelia. Precioso texto.
    Qué bonito y entrañable es descubrir tanto amor entre ellos y tanta complicidad. Ya verás, cuando se tengan que separar por alguna circunstancia y oigas la frase: 'estoy echando de menos a Daniel...o a Adrián'. A nosotros nos ha pasado alguna vez. Eso junto con el disfrute que te produce verles jugar o reír no tiene precio y te refuerza la idea de que verdaderamente se necesitan.
    Las fotos son preciosas y los niños dos muñecos!
    Felicidades,familia.
    Muchos besos.

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  2. Tienes, razón, ser testigo de esa complicidad no tiene precio.Un beso Mar

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  3. Mis felisitaciones por esos bebes tan bellos, que Dios se los bendiga,me ha emocionado mucho su relato

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