14/10/13

Días de fiesta, carreras, trenes...y breves reencuentros.

Si tuviera que poner un título a los cuatro últimos días de esta semana sería "Corre, Noelia, corre".
Desde que llegamos el miércoles a Zaragoza y como viene siendo tradición últimamente, los planes de quedar con familia y amigos se torcieron, y es que los virus amenazantes que nos acompañan desde que comenzó septiembre, o la guardería mejor dicho, atacaron de nuevo.
El día de la llegada se pasó en un suspiro, ya sabéis que sobremesas tan largas puede una llegar a vivir en casa de los papis cuando hace más de un mes que no te ven el pelo, y  al siguiente día tienes que reducir la lista de cosas que querías hacer a la mitad, porque como siempre pasa, no te da tiempo. Así que corre aquí, corre allá, intenta cruzar la Plaza de los Sitios en plenas fiestas del Pilar sin parar en cada uno de los puestos de dulces, quesos, aceites, miel y miles de productos típicos de la tierra, es decir, imposible, o no echar un vistazo rápido a la feria de artesanía, igual de imposible o más.
Después de lograr la hazaña de atravesar el centro de la ciudad con dos niños pequeños, montar a uno en el carrusel, sacarles dos millones de fotos y ver las actuaciones de los artistas callejeros, en un tiempo record de dos horas, sigue corriendo, y rehaz la maleta que preparaste como para salir dos meses de vacaciones sabiendo que al día siguiente tenías que volver, y aún con todo deshiciste, para volver a hacer, haz, deshaz, haz, deshaz, corre, Noelia, corre!!
Las siete y media, ya estoy en el tren, llego muerta del cansancio y lo primero que hago es sacar otro billete para volver a hacer el mismo camino que acabo de recorrer pero a la inversa, voy a toda prisa a casa que es tarde, hace frío ¡y mañana trabajo! Menos mal, que el padre de las criaturas me manda fotos de vez en cuando de esas de partirte de la risa, que me hacen desconectar del cansancio y las prisas.
Ya es viernes, vuelvo a casa después de todo el día fuera, ceno un kebab con una coca-cola, me voy a la cama, me levanto, ¡casi me quedo dormida! corro a la estación, ya estoy en el tren...ya he llegado a Zaragoza, y vuelta a las prisas para intentar hacer una décima parte de lo que en un principio había planeado, conclusión, no planees nada porque es el día de fiesta más importante de la ciudad, no cabe un alfiler por las calles, y las cosas salen mejor cuando no las planeas.
¡Mucho mejor así!

Qué bonito ver a toda la gente contenta, paseando, muchos de ellos vestidos con el traje regional, y las caras de los niños con sus globos, sus juguetes, sus manzanas cubiertas de caramelo, las niñas dando vueltas en la hierba haciendo girar sus faldones y las blancas enaguas, qué recuerdos de cuando era pequeña.
Y si nos encanta salir de tapas cualquier día del año, el día del Pilar, no podía ser menos, eso sí, me quedo con los huevos fritos de mi papi, que son los más buenos del mundo mundial, sobre todo si son para almorzar, que aunque sean los de siempre, si te los comes en fiestas saben mejor, es uno de esos grandes misterios de la vida.


Y aunque se chafaron la mayoría de los planes, pudimos vivir, aunque fuese menos de una horita, uno de esos reencuentros familiares que tanto nos gustan.

Sólo espero que para la próxima el reencuentro sea más multitudinario y sin prisas, que ya estoy echando de menos una reunión como las de antes, de las de quedar con sol y volver de noche con cena, copilla y un millón de risas a cuestas.
Buen lunes a todos.




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